Hay hombres que pasan a la historia sin ser recordados. Hay hombres que quedan en el olvido sin siquiera haber sido despedidos. Hay hombres que están en la larga y ansiosa cola de espera para que sean despachados. Pero hay hombres que quedan en la memoria colectiva y en el inconsciente latente. Estos hombres vanagloriados y respetados pareciera hoy que se encuentran en extinción, cuál algún animal susceptible al calentamiento global.
Hace años ya que no nos encontramos en la sociedad capitalista e industrial donde lo que primaba eran los bienes tangibles y materiales. Estos últimos años nos hemos visto inmersos en la sociedad del conocimiento y la información, en la que todo es publicable y difundido. Imposición caprichosa de que no es importante aquello que no se conoce masivamente; estupidez humana de creernos lo primero que nos llega como netos trascendidos.
El quid de la cuestión es la rivalidad constante y cada vez más intensa entre la honestidad moral y la capacidad intelectual.
Cada profesional o aficionado en algún campo sabe que posee un arma poderosa y de dominio, y que a veces es determinante en ciertas acciones.
¿Qué pasa cuando nuestros movimientos en el tablero son determinantes para el otro?, ¿Somos del todo conscientes de que en cualquier ámbito laboral estamos comprometiendo a otros con nuestros hechos o dichos?
Médico, abogado, periodista, policía. Distintos caminos que convergen en una misma palabra y en un idéntico destino: servicio. Estudiamos y nos formamos no sólo para tener potencial sino para volcar el sinfín de conocimientos en el otro, quién se vuelve nuestro objeto en el que voltear las conjeturas.
Haber, existir, permanecer, re-nacer. Mutaciones paradigmáticas y circunstanciales. El hombre no sólo es individuo dotado de inteligencia y voluntad. Tiene un contexto al cuál pertenece y que lo condiciona. Será quizá que su razón y su disposición también se enfrentan para ver que aspecto gana o vence. ¿Apetito racional o concupiscible?
Por momentos pareciera que todos estamos inmersos y cegados a un deseo desenfrenado de incrementar “dulcemente” nuestros beneficios: más poder, más dinero, más bienes, más credibilidad. Sin embargo, hay una luz de emergencia y de alerta: una regla de los signos vigente hace años dice que “más por más es más”. ¿Qué pasa cuando las reglas ya empiezan a fallar y a no ser inmutables? ¿Dónde está el error?
Desafortunadamente el “menos” del asunto es el destinatario, receptor y necesitado. Estamos siendo desleales, cínicos y corruptos al olvidarnos de que cada acción que hacemos en nuestra profesión tiene un tercero que nos mira cada vez con más temor y desamparo.
Umberto Eco dice que “la función del intelectual es atreverse a decir verdades fuertes aunque puedan llevar a resultados emotivamente insoportables”. Yo creo que lo más importante es saber que no estamos solos, y que cualquier recomendación o decisión que tomemos desde cualquier ámbito tendrá repercusiones multilaterales. No nos olvidemos de ello.
No sé cuanto puede servir tener un raciocinio y una capacidad imperiosa, brillante y en acto perfectible, si en el movimiento a la potencia nos llevamos puestos torres, alfiles y peones.
No sólo hay pandemias e infecciones bacteriológicas. Pareciera que la sociedad está guiándose por un efecto esterilizante que va en cascada. Abusamos de nuestro conocimiento para reposicionarnos y dejamos al otro al lado del camino.
Será quizá necesario que venga una mano sobrehumana y bienaventurada que no requiera vivir en la ciudad por su propia condición, y que pueda desinfectar a todas las plagas humanas que se multiplican y replican incesantemente.
—
por Melina Díaz




Julio 22nd, 2009 at 22:14
Excelentes pensamientos y bellos párrafos, una lectura muy completa. Felicitaciones Melina.
Creo que nuestros actos, deseos e intenciones en nuestros ámbitos laborales, pocas las dotamos de sentido social, mirando verdaderamente al otro y haciéndonos cargo de presencia.
No es fácil en el contexto actual, todos los caminos parecen ir hacia otro lado. Pero creo que esa virtud de poner el destino de nuestros esfuerzos en un fin más social, (simplemente con mayor sentido de empatía) es lo que hará de los profesionales del futuro personas que sobresalgan. Ya no será una virtud, sino una necesidad.
En tiempos de transparencia, los valores serán cada vez más imprescindibles.
Saludos!
Julio 23rd, 2009 at 18:31
Gracias por tu comentario Bruno. Me alegro que te haya gustado el escrito.
Comparto con vos el hecho de la transición que estamos atravezando entre las virtudes y las necesidades.
Saludos para vos!!
Julio 24th, 2009 at 15:59
Muy interesante el post. Creo que del mismo modo como nuestro país carece de Políticas de Estado, cada uno de los líderes de opinión e individuos que nos encontramos en posición de comunicar socialmente carecemos de una visión clara de qué valores y principios son los que queremos y debemos transmitir. Si estos fueran compartidos y alcanzados a través del consenso social no habría problema en la injerencia que podamos tener sobre los demás. La problemática aparece cuando desde distintos lugares se transmiten principios incongruentes entre sí.
Saludos!