Información: de la escasez a la negligencia del desdén

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Categoría : Sociedad

sobreinformacionLos grandes tesoros se han vuelto invisibles por culpa de su misma omnipresencia. Como grandes monumentos en los que sólo reparan los turistas. Hoy, la información. A comienzos del siglo XVII, el rey escocés Jacobo IV ascendía al trono inglés bajo el nombre de Jacobo I y unía las coronas de Inglaterra y Escocia.Sólo unos pocos reparaban en su historia: era hijo de María I Estuardo y sobrino de Isabel I Tudor a quién sucedió. Lo que sí sabían los ciudadanos era que la sociedad estaba profundamente dividida en el terreno religioso, que el nuevo monarca apoyó a la Iglesia anglicana frente a los católicos y a los puritanos, y que gobernó de manera absolutista sin convocar el Parlamento.
Fue, sin embargo, una época gloriosa para la cultura. En la literatura se destacaron William Shakespeare y el poeta John Milton. El pensamiento político se nutría con los aportes de Thomas Hobbes y John Locke. La ciencia avanzaba de la mano del filósofo Francis Bacon y los descubrimientos de William Harvey (la circulación de la sangre) e Isaac Newton (ley de gravitación universal).

Pero la información estaba concentrada en las élites parlamentarias de Inglaterra.
Meses, quizá años tardaba la gente en enterarse que en 1655 le habían arrebatado Jamaica a los españoles, o que en 1670 por el Tratado de Madrid, España le había cedido las Bahamas y Jamaica a Inglaterra. Mucho menos, que el ejército turco de Kara Mustafá asediaba Occidente a las puertas de Viena, ni siquiera de las grandes alianzas políticas de la Europa del Barroco. Varios no se enterarían.

La comunicación de hechos era escasa en aquellos tiempos. El auge de la información social surgió recién cuando se instaló el correo como servicio estatal. Sin embargo, un diario de hoy, contiene más información que la que un ciudadano inglés del siglo XVII podía obtener en toda su vida.

Hoy, el servicio que impulsó el conocimiento de la realidad de la época (el correo) se ha devaluado a tal punto que se teme, desaparezca. La información llega desde diversos puntos del planeta y mediante múltiples soportes.

Los diarios, los servicios de telefonía, la televisión e Internet nos conectan con realidades diversas.

Hoy todo está a nuestro alcance. Con una conexión a Internet y una buena imaginación podemos viajar a donde nos plazca. También a la Inglaterra del siglo XVII.

La información sobre la realidad en la que la sociedad está inmersa sirve al individuo como conocimiento básico para actuar y comprenderla. Olvidando, que alguna vez la información fue valiosa por su escasez y hoy, invisible por su omnipresencia.

Los teóricos han denominado a esta época “la era de la información”. Llega, está a nuestro alcance, sirve, pero no se consulta.

Lo dicen las estadísticas: en las elecciones presidenciales del 2007, cinco de cada cien jóvenes que votaban por primera vez sabían qué cargos se iban a renovar.

Como contrapartida, los tiempos históricos de cambio y evolución se han acelerado notablemente con el apoyo de la información.

Si nos propusiéramos leer todas las reseñas de información que aparecen en los diferentes soportes no nos alcanzaría el tiempo de vida.

Internet se actualiza constantemente, la información se renueva para saciar la sed de los que buscan conocer.
Es el centro de nuestra época, pero su misma centralidad la empuja al margen. Se la da tan por supuesta que siendo permanentemente invocada y renovada, está siempre a un paso del olvido.

La información está siendo presa de los sucesos ocurridos a los grandes tesoros de la humanidad: se cree conocerlos tanto que se tiende a no prestarles verdadera atención.

Estamos excedidos de información, la naturaleza del hombre no puede abarcarla, y varios datos serán traicionados y olvidados por la memoria.

Olvidando, que alguna vez la información fue valiosa por su escasez y hoy, invisible por su omnipresencia.


por Iván Bassi

Comentarios(1)

Iván,
muy buena nota y un punto de vista bastante particular sobre las cosas.
Bien ahí!
Slds!

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