Las migraciones constituyen un fenómeno complejo, multifocal, histórico, ambiguo, y sobre todo redituable. Un tema de agenda actual, impregnado de relativismo, subjetividad, estereotipos y discriminación. En tanto, los medios no sólo son el medio de expresión sino que refuerzan los caracteres del fenómeno.
La imagen social de la inmigración es, en parte, reflejo del tratamiento informativo que los medios de comunicación construyen. Es inevitable evidenciar el sesgo que los medios hacen al respecto. ¿Simplicidad en la cobertura? ¿conveniencia mediática?
Hay una ausencia de la voz de los inmigrantes en la construcción informativa a la hora de hablar de migraciones. Sólo en contadas ocasiones los inmigrantes aparecen en las los medios como sujetos con una personalidad e identidad claramente definida. En la mayoría de las veces -dentro de las pocas oportunidades en que aparecen en un medio- los migrantes aparecen con caras tristes y voces tenues como personificaciones de esa gran segregación. ¿Por qué en vez de utilizar a los medios para realimentar la discriminación y la brecha cultural no se usan estos canales para abrir puertas hacia lo desconocido?
Que las fuentes de información -policiales o de otra naturaleza- reproduzcan una tendencia a la simplificación, a estereotipar conductas, a la asimilación de determinadas actuaciones delictivas con identificaciones de nacionalidades extranjeras, no es justificación para su posterior reproducción en los medios de comunicación. En ese punto no hay argumentos por parte de los profesionales ni de las empresas periodísticas para seguir con esa práctica, a no ser que se esté bajo el efecto de una concesión total a la espectacularidad informativa.
Analizar el tratamiento mediático de las migraciones internacionales explicita asimismo otra de las falencias de estas industrias que se proclaman “de contenido”. Producen y reproducen construcciones simbólicas y culturales muchas veces desde el sensacionalismo y el sentimiento para llegar hacia el espectador y querer generar en él un hálito de conciencia. Chabacanería.
La tiranía de lo inmediato, el querer superar a los otros medios, el rating y la autoreferencialidad se conjugan en un “mix explosivo” de distorsión pública. Creo que quienes son la materia o el contenido de esta “megaproducción mediática” preferirían seguir pasando desapercibidos antes que verse potenciados en una seudofidelidad.
Las migraciones han sido diferentes en cada época de la historia: en las causas que las motivan, en las principales modalidades que revisten, en las consecuencias que entrañan, en la significación que se les atribuye, en las emociones que suscitan y en las narraciones colectivas a que dan lugar. Y sin duda se han vivido con emociones y pasiones tan intensas, no exentas muchas veces de ansiedad y aún temor. En no pocos países, la inmigración se ha politizado generando confrontación partidaria y electoral.
La adición de un elevadísimo número de países, de origen, destino y tránsito, al mapa mundial de las migraciones internacionales se completa con una fuerte tendencia a la diversificación de rutas y conexiones origen-destino. Si el mapa vigente en la era precedente podía fácilmente dibujarse con unas pocas flechas de gran grosor que partían del viejo continente y desembocaban en los nuevos mundos, el actual, incomparablemente más complejo, aparece cruzado por infinidad de líneas más delgadas que conectan prácticamente cualquier punto del globo con cualquier otro.
Y mientras tanto se va expandiendo la crisis generalizada de integración.
¿Queremos seguir alimentando el imaginario social respecto a las migraciones? ¿Qué podemos hacer nosotros como ciudadanos y cómo consumidores de opinión pública?
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por Melina Díaz



