El universo discursivo es construido muchas veces para servir, representar, explicar o señalar la realidad. Sin embargo puede ir más lejos e incluso tergiversar la realidad o crear una realidad paralela que sea más firme y consistente que la que existe en su estado natural.
Es decir, tomando una realidad (vaya concepto más amplio y generalizado, porque ¿quién sabe acaso qué es LA realidad?) que está entre nosotros y existe como tal, es posible mediante distintas herramientas de poder generar una transformación de la misma. Una realidad que esta en estado pasivo y que el ser humano toma, para servirse de ella y muchas veces llegar a destruirla, parodiarla o incluso endiosarla.
¿Qué pasa cuándo el contexto empieza desde las bases a pedir un cambio de texto? ¿Es posible sostener discursos por muy bien redactados y presentados que estén, si la sociedad los toma como incompatible con sus deseos y necesidades de ese momento? ¿Es posible resistir a las demandas del contexto? Yo creo que la respuesta es no.
Y es no, porque es imposible olvidarse que los hombres son sujetos sociales, y como tales viven inmersos en una tríada que los forma, los condiciona, los estructura. Sujeto-espacio-tiempo. Es imposible poder comunicarse con un interlocutor y transmitir un mensaje sólido, válido y aceptado, si no se conocen y respetan las pautas y sucesos del momento.
Toda construcción implica fases de análisis, de observación, de especulación, de formación misma, de puesta a prueba, y lamentablemente de crisis.
Pero esa crisis puede ser incluso una posibilidad o una oportunidad. Creo que la estrategia esta en no poner barreras ni resistencias.
¿Hasta cuándo es posible tratar de enfrentar a la situación dada?
Creo que no es posible generar un discurso si no se tiene en cuenta la naturaleza misma del universo en el que va a estar inmerso. Porque todo texto formará parte de un contexto que lo alimenta y lo condiciona y para que sea legítimo y respetado por los sujetos inmersos en esa temporalidad es necesaria la “no-incongruencia entre las partes”.
Resistirse a modificar un discurso de la realidad es el paso previo a la muerte de la propia autoridad. Construir un texto no es el fin sino el medio para unir lazos y modos de ver la realidad.
Si el discurso lingüístico no cuadra con la realidad a la que tiene que servir y referenciar es preferible que desaparezca y muera antes de que presione para imponerse. O muere y da origen a otro discurso, o se somete a las presiones de las circunstancias para adaptarse y mejorar las partes en pro de un todo.
Reinventar la realidad, de eso se trata. Pero no hay que olvidar nunca que las percepciones son compartidas entre el público, y por más autoridad y poder que pueda tener una persona, los súbditos tienen “valores sociales compartidos” que defenderán como su propia ideología que los define como tales.
Todo discurso puede triunfar y perpetuarse eternamente en tanto y en cuanto los marcos de referencia externos no cambien de paradigmas y de valoraciones.
Para construir un universo discursivo es necesario saber que las partes quieren y necesitan que ese discurso los represente y les sea útil a la hora de actuar. El texto fracasará si no reconoce y se adapta a su contexto.
Cuáles son los valores aprobados por la masa, cuáles son las necesidades generalizadas, en qué confía la gente, qué esta atravesando la sociedad. Re-conocer para re-estructurar un discurso que esta en crisis y que en el caso de no aceptar el contexto y de resistirse a aceptar los cambios de paradigmas puede pasar al olvido con el mayor de los repudios por parte de la totalidad de la sociedad.
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por Melina Díaz

