La palabra como recubrimiento y como puente

Categoría : Enfoques, General

La palabra es un arte. Un arte de creación y significado. Como todo arte, tiene reglas de construcción, pero que quedan doblegadas y opacadas por el fin en sí que genera. La palabra es el canal que nos conduce y nos conecta. Exteriorizamos un yo personal hacia un otro exterior que nos acompaña, nos escucha y nos realza. Sin embargo, esta habilidad al ser algo intrínseco y natural al hombre, muchas veces no es medida, no es analizada. Una multiplicidad de efectos se congenia de modo a veces peligroso y perverso.

¿Qué sucede cuando necesitamos hablar? ¿Realmente medimos el poder de la palabra?

En parte, puede decirse que va primero en orden de necesidad utilizar la palabra como medio de canalización. Pero puede que al quedar expuesto lo dicho, nos arrepintamos de haberlo hecho. Tarde. El otro lo recibió y ya no es el mismo, hubo una ráfaga de significados y significantes que quedan etéreamente en el ambiente, provocando reestructuraciones.

La palabra expresada no se reduce sólo a la oralidad y lo verbal. Puede ser una pseudo-palabra gestual, una seña que habla y expresa lo que la mente piensa. Sí, es cierto: la forma más tradicional de contactarnos con el otro es mediante la palabra, pero el mero gesto y los manierismos tienen igual o incluso mayor peso. Acompaña al ser, lo caracteriza.

Para comunicarnos no es criterio suficiente hablar con la boca y expresarnos con el cuerpo. Es necesario saber que hay otro que nos está prestando atención y tiempo. Un sujeto o conjunto de personas que interpretan nuestros actos y que no sólo escuchan sino también analizan y reestructuran la acción social. Sino, sería sólo una señal fría, meramente informativa. En la comunicación, emisor y receptor asumen papeles y roles cada vez más difusos y menos delimitados.

El psicoanalista francés Didier Anzieu (1923-1999) propuso la idea de “Yo-piel” como una metáfora que designa el espacio que delimita el afuera-contexto- y el adentro-persona-. ¿Puede hablarse de un “Yo-palabra”? Las proposiciones se yuxtaponen de modo que conforman una barrera protectora y defensiva respecto del afuera. La palabra se convierte en poder. Capacidad de imponerse sobre el otro y delimitar posición en la relación.

Cuando una persona sabe los secretos de su propio “Yo-piel” y el fino límite que marca entre lo interno y lo externo, puede utilizar el “Yo-palabra” para tener completo dominio sobre su cuerpo y decidir/decir cómo quiere ser tocado, amado y respetado.

La palabra como puente entre la psiquis y las psiquis. Una herramienta inconexa que conecta con otros mundos conquistados por anhelos personales y por criterios de ordenamiento excesivamente individuales. Nuestro ropaje humano es la piel, podemos estar absolutamente desnudos pero sabiendo que portamos una dignidad que merece ser respetada. Esa piel es despojada del propio cuerpo para transportarse mediante la palabra.

El arte comparte con la palabra y la dicción un mismo carácter, el preformativo: decir algo, mover el cuerpo –teatro y danza- o generar una obra artística –escultura, pintura-, buscan decir algo, crear realidades posibles, conectar mundos.

Émile Benveniste, lingüista francés que nació en 1902 y falleció en 1976, dijo que “el lenguaje reproduce el mundo, pero sometiéndolo a su propia organización. Es logos, discurso y razón al mismo tiempo. Es en efecto, en y por la lengua como individuo y sociedad se determinan mutuamente. El hombre ha sido siempre el poder lenguaje, que instaura una realidad imaginaria, anima las cosas inertes, hace ver lo que aún no es, devuelve aquí lo desaparecido.”

Aplaudo de pie a todas las ramificaciones del arte que se sirven de sus tecnicismos para expresar un deseo ahogado que perturba y socava constantemente. Me apena e incluso me da rabia la capacidad humana de abusar de la palabra no ya para poner sobre la ronda dialéctica sus pesares y sus glorias. Invoco a la función del metalenguaje pero para que reflexione sobre su propia capacidad de construir murallas que alienan o puentes que conectan; por su sagacidad de destruir lazos afectivos o situaciones injustas; y por su aguzada para interrelacionar el sentimiento, su representación y su valoración por parte de ese otro exterior, que congruentemente, también posee un “Yo-piel” y un “Yo-palabra” digno de ser respetado.


por Melina Díaz

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