Vamos hasta la esquina a ver qué pasa…

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Categoría : Enfoques, General

Las fiestas son especiales. Momento de celebridades, tiempos pasados que deben cerrarse en el cofre de los recuerdos, un “qué vendrá” lleno de esperanza. Se reciben regalos de las familias y de los amigos, sonrisas y emociones se yuxtaponen al intentar buscar en un nuevo CD de música o en algún libro, una compañía.

Adoré desde chica mi habitación de estudio. Se decía que era enfermiza por estar en ese lugar en el cual los rayos iluminaban con demasiada vehemencia a la hora de la siesta, mientras yo leía, componía y escuchaba mi estilo de música. Fue allí donde una vez leí un fragmento de Mario Benedetti: “Quién sabe dónde queden mis próximas huellas, ni cuando mi historia va a ser computada, quién sabe qué consejos voy a inventar aún y qué atajo hallaré para no seguirlos”. Desde ese día comencé una búsqueda personal (que abarca a lo grupal) de mi sentimiento nacional, de mis raíces, de mi patria, de defender lo mío, las costumbres y deberes, las pasiones y sacrificios.

Hoy puede llegar a decirse, por fuerte y doloroso que sea, que el Ser Nacional no existe, o al menos que se ha adormecido. Hoy, podemos juzgar que el de al lado no busca comprometerse, sólo busca asegurarse. Poco a poco la sociedad va perdiendo la verdadera representación de lo que es nuestro nacionalismo. Quizás sean meros cristales heterogéneos que buscan conformar una mezcla uniforme.

Tal como en los regalos de Año Nuevo y Navidad, los obsequios de cumpleaños y/o aniversario, o el mero deseo de comprar algo personalmente, el afuera nos invade, nuestras producciones quedan pisoteadas, sintiéndose indignas.

¿Qué es lo que nos sucede? ¿Acaso no tenemos cosas de las cuales debemos hasta enaltecernos? Nuestra música busca acompañarnos, busca regalarnos su cálida compañía, tal como “Invierno Porteño” de Piazzolla, o algún tema de nuestro gran Charly García. Nuestros libros intentan entrar sin anestesia en el fondo de cada argentino dejando una nueva historia de la cual podemos ser capaces de formar parte. Sin embargo, preferimos los discos estadounidenses, o las novelas de ciencia ficción de Ray Bradbury.

Perfecto, la producción extranjera tiene un enorme valor, no es mi objetivo decir que no existe fundamento alguno para escuchar o leer cosas que no salgan de nuestro país, pero así como esperamos con los brazos abiertos nuevas creaciones de un horizonte bastante lejano, considero que deberíamos primero poseer un grado crítico adecuado para decir porqué siempre buscamos alternativas en el afuera, ¿será que no estamos preparados para valorar lo que tenemos?

Y el cine no se queda afuera, es el mejor ejemplo ante esta situación, es uno de los que más lo sufre. Frases célebres y masticadas por demás refieren a nuestro cine como un sinónimo de vergüenza. Ahora, cuando se realiza una producción a escala “hollywoodense” nos sorprendemos, e incluso llegamos a decir que “pareciera no ser argentina”.

Sin ir demasiado lejos, en un viejo libro que aún conserva mi abuela encontré una copia fiel del Himno Nacional Argentino del año 1813. Las estrofas que utilizamos en la actualidad sufrieron cambios, y me pregunté a mí misma porque mí himno se halla recortado por las tijeras de alguien, al cual no le gustó el recuerdo de aquellos días. ¿Por qué se muestra como un hecho desapercibido por las instituciones, quiénes, son las encargadas de trasmitir a las generaciones futuras sus orígenes? ¿Por qué ocultarlo, reprimirlo, olvidarlo y en muchas ocasiones la tristeza de no conocerlo? Agachamos la mirada, nuestra voz queda opacada, generando así un vacío del momento, un silencio penetrante, una mirada ida fuera de circunstancia.

No existe el Ser Nacional, como en los libros que me acompañaron en algún momento. No existe un Cid al cual todos debamos aclamar. Pasa por nosotros empezar a considerarnos de tal forma, pero para ello debemos decir “Sí” a las miles de ofertas que los artistas argentinos nos ofrecen día a día, no ocultarlos. Deberíamos congelar la mirada en algún cuadro que tal pintor en un momento dado creó, admirar con orgullo el tema de tal compositor en conmemoración a tal cosa.

No perdamos la capacidad de asombro, pero tampoco perdamos la confianza nacional, más bien regenerémosla. Comuniquemos el saber, transmitamos sentimientos, compartamos experiencias, alimentemos la creación. El talento está esperando almas, está ansiando creadores de mundos posibles y el argentino puede lograr cosas inimaginables. Sólo se empieza por valorarse.

Hay manos que empuñan fusiles, guitarras, martillos. Hay fusiles que sirven al pueblo, y otros que no sirven. Hay guitarras que llaman a cantar, a gritar, a despertar, y las hay mercenarias que llaman a aceptar y a callar.

Hay martillos que construyen y martillos que destruyen. Los hay que construyen puentes y los hay que construyen espadas, que es una forma de destruir. Hay martillos que destruyen casas y los hay que destruyen muros divisorios que es otra forma de construir.

Por Melina Díaz

Comentarios(3)

Mu gustó mucho la nota. Invita a la reflexión, a considerar que nos sucede. El pensar en nuestras elecciones hacía el afuera y porque obviamos lo nuestro, la producción nacional. Te felicito por tu mirada, y por el cierre positivo y esperanzador.

[...] This post was mentioned on Twitter by José Di Bártolo, Maxi Aracena. Maxi Aracena said: Vamos hasta la esquina a ver qué pasa…: Las fiestas son especiales. Momento de celebridades, tiempos pasados que d… http://bit.ly/bMaDzE [...]

Melina: “El Ser Nacional no existe, o al menos que se ha adormecido” <— prefiero pensar mil veces que está adormecido en cada uno a que no existe, cosa que no creo. Muy buena perspectiva. Slds!

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